¿A dónde nos estamos dirigiendo?

Es solamente cuestión de disciplina, deseos de conservar nuestra naturaleza y vivir con dirección clara, sin olvidar lo elemental.

Javier Becerra

9/25/20262 min read

¿Por qué razón hemos permitido que la tecnología nos absorba? ¿Por qué no sacar provecho de tantos adelantos técnicos?

¿Sería posible reflexionar al respecto?

No cabe la menor duda de que sí podemos vencer la parte mecánica de nuestra vida, con nuestra naturaleza humana.

La tecnología puede acercarnos, enseñarnos y abrirnos posibilidades. El problema aparece cuando ocupa el lugar de la conversación, la atención y el encuentro. Para aprovecharla sin perder nuestra humanidad, podemos empezar por decisiones sencillas:

  • Usarla con un propósito. Antes de abrir una aplicación, preguntarnos: «¿Qué quiero hacer aquí?». Eso ayuda a no quedarnos navegando por costumbre.

  • Proteger los encuentros. Compartir una comida, escuchar a alguien o caminar juntos sin mirar el teléfono.

  • Crear, además de consumir. Usar las herramientas para aprender, escribir, enseñar o colaborar en algo que tenga sentido para nosotros.

  • Conservar momentos de silencio. Dejar espacio para pensar, sentir y reconocer qué necesitamos, sin una pantalla llenando cada pausa.

  • Elegir a las personas primero. Un mensaje puede mantener un vínculo, pero a veces una llamada o una visita dicen mucho más.

No necesitamos renunciar a la tecnología. Necesitamos recordar que es una herramienta a nuestro servicio. Que nos ayude a vivir mejor, sin decidir por nosotros cómo debemos vivir.

Empieza con una regla sencilla: que la tecnología tenga una tarea y un horario, y que las personas tengan tu atención completa cuando estés con ellas.

Puedes probarlo durante una semana así:

  1. Al despertar, espera 20 minutos antes de mirar el teléfono. Usa ese tiempo para pensar cómo quieres vivir el día.

  2. Antes de entrar a una red social, decide para qué vas a usarla: informarte, publicar algo o hablar con alguien. Cuando termines, ciérrala.

  3. En una comida al día, deja el teléfono fuera de la mesa y conversa, aunque solo sean 15 minutos.

  4. Cada día, busca un contacto real: una llamada, una charla cara a cara o un mensaje personal escrito con atención, no reenviado.

  5. Por la noche, dedica 20 minutos a leer, escribir o estar en silencio antes de volver a una pantalla.

No hace falta cumplirlo perfectamente. Al final de la semana, pregúntate: «¿La tecnología me ayudó a acercarme a lo que valoro, o me quitó tiempo para ello?» Conserva lo que te hizo bien y ajusta lo demás.

Es solamente cuestión de disciplina, deseos de conservar nuestra naturaleza y vivir con dirección clara, sin olvidar lo elemental.

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